26 jun 2009

FÉNIX UNO
































Aquí
donde no estás
recupero la ceniza
y tu vuelo sin claudicación.

Aquí
sin dimisiones
en todos los comienzos.

No me digas sí
ahora que enamoro en ese miedo,
que te pierdo y no te dejo.

Es bueno dejar la mirada sin ataduras
y la duda divagando
porque vuelve. Siempre vuelve.

Un vacío nos ataca
y nos deja prisioneros
apagándonos jamás.

Ahora que te pierdo y no te dejo

FÉNIX DOS






















Tocar una palabra
era mentir
estremecer  la casa
y aprender tu nombre.

Ahora,
toda palabra
en la que estallas, en la que duermes
en sí misma la última materia
es venir a contemplar la muerte.

FÉNIX TRES





















Tu voz me pierde un olvido de torreones.
Tu voz disuelve mi oráculo de lunas.
Tu voz de mí se cae cuando cantas

Raíz de viento detenida
muere en aspas tu semilla entre las velas cuando cantas
piel de angustia y miel desprevenida
que me nombra en esa nave

Tu lengua ronca vuelca sus rumores en mi oído.
Tu lengua galopante
precipita la sed
de mi feroz raíz donde naufraga tu estampida

De los signos del vibrato
pero no de mis uñas dormirá tu piel
ni de mi voz en las alturas.

Ahora es la mía enloquecida
y en la hora de mi lengua cada vértebra lo indica
la que impide beber tu arboladura

Pues verás
eres indivisa humedecida
y un lago de espejos consumirá el vacío a la semilla
o la semilla dará frutos de vacío
del uno sobre el otro.

Se confundirá la arena en tu apetito
y el temblor incitará palabra de tus huesos
sollozando en el afán
del uno sobre el otro
cuando seamos voces navegando.

FÉNIX CUATRO

















Un pájaro total
destruye el fetiche de la vida
atada al doméstico aro de la duda

y también muerde
la ruina de los topos arañando la materia del terror.

Todo esto irrita.
El pájaro y el topo.
Me lacera tu desgano.

¿De qué te sirve sonreír a cada día
si no diré palabras?

Todo parece claro.
Nada enlaza
Ni el destino conocido
en el silencio de alas renaciendo.
Ni lo cotidiano
en nuestro abrazo cada día.

FÉNIX CINCO

























Se levanta el día.
y no destrozarás la luz
como tú quieres.

Ni entrarás por ojos
como la arena bebe.

En la baranda del crepúsculo
renacen habitantes desangrados a tu amor aleve
porque a pesar de todo
sustituyes la voz como lo quiero.

Nos envuelve
cubre
oculta
la impotencia de este ruido universal
a pesar de lo que veo.

A pesar de la voz
largo tiempo callada que remeces.

FÉNIX SEIS





















Ya enarbola el viento recíproco al abismo
como un borbollón universal y ciego
esa bandera,
y tú, enemiga de la furia en el silencio de alas renaciendo
aún caminas en invisibles cementerios.

Los pájaros que vagan tanteando nubes
perdidos para siempre son días calendarios
a pesar de tu inmensa furia.

Y que no pueda yo salir de todos mis vacíos
recíproco al abismo.

Me abandonas
espesa al sueño.

Me vence la forma.
Te vencerá.
Pero el sorbo;
el único e impulsivo sorbo de vacíos
Perdurará, reciproco al abismo.

FÉNIX SIETE
















.
Un día
sólo un día
al norte
de su genuino idioma
clavé amenazas.

Y al otro día
los desnudos puntos cardinales
se inflamaron en signos de hastío y abandono.

La disuelve el aire con su firmamento de enredos.
Huele a instrumentos calientes.
tiñe nirvanas
y todo su aire miente.
El olvido será fuego en ruinas, me digo.

¿Sabré soñarla
y mirarla mudo,
mar adentro?

El pecho de la luna
abre su sangre poseída
y yo
no puedo ser cogido.

FÉNIX OCHO




No llego.

Y si no rozo la casa de sus padres,
no puedo adivinarla.
Y ya se apaga la luz de la ventana.

Soy esa lluvia
encima de tu casa.

Soy la lluvia esa
para quitar de todas tus raíces
la quemada luz de los relámpagos.

Pero dame un cristal vacío
y toca mi planeta en tu ventana
como turbia gota espesa.

No es la muerte quien invita,
es la nueva catedral de tus deseos
precipitando un sueño nuevo.

Cae lluvia
sobre las piedras de tu calle
y sube al aire este pedido.

FÉNIX NUEVE





















Me equivoqué de corazón
temblando de mis días su perfume.
Pero debes saber que en la esquina de tu casa
se desatan manos que no sabes encontrar.
Te confundes. Me confundes.

Se fue de mis días alzando su lámpara sin luz.
Me equivoqué de ese perfume.

Respiro intensamente los pasos que se van
y suenan como tardes.

Negras son las garras del ocaso
que tristes pájaros perdieron
cuando se fue de nuestros días el perfume.

FENIX DIEZ


Y las cenizas ya se encienden
a tu silencio de alas renaciendo
mientras vuelve el viento al anudado
si perduran esos ecos

Y las cenizas ya se inflaman
cada vez que cero de mis ojos
la llamada numerosa
a los tuyos negramente
ya clavados y encordados.

Ya nos ata nuevamente
la llamada
llamarada.